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ARAFAT, 11 noviembre 04, con motivo de su muerte.

Por Fernando De la Rúa

Desde este sitio quiero rendir homenaje al Presidente Palestino fallecido. En 1997 conocí a Arafat en su cuartel general de Gaza adonde fui al tiempo de una visita a Israel, como Jefe de Gobierno de Buenos Aires. Antes visité a la esposa del ya fallecido Rabin quien me pidió llevara sus saludos “al querido amigo”. Ambos dirigentes habían coincidido en buscar la paz. Conocí entonces al Arafat de la paz, al luchador por los derechos palestinos y la amistad de los pueblos que postergara el odio y la guerra. Pero la violencia abatió a Rabin y las puertas de los acuerdos se cerraron.

Encontré a Arafat deprimido. Un leve temblor en el mentón denotaba su angustia. Describió el sufrimiento de su pueblo excluído del comercio y casi del trabajo. Seguía procurando el diálogo. Se esperanzaba por la visita próxima de un ministro del nuevo Gobierno israelí. Pero con pocas esperanzas. Entonces residía en Gaza, podía ir a Belén, representaba una autoridad palestina subsistente.

Hoy la muerte lo encuentra después de tres años de encierro en la Bakata , marginado de las negociaciones por quienes confían que ahora se podrá avanzar. Ciertamente el terrorismo lo hizo difícil hasta ahora. Su larga mano nos alcanzó aquí con los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA. Siempre recordaré los masivos actos de DAIA, a que asistí, celebrando los acuerdos Rabin-Arafat bajo la consigna de “la paz es posible”. Todos queremos la paz. El terrorismo no.

Ví a Arafat muchas veces después de ese encuentro, algunas ya como Presidente. En el Foro Mundial de Davos (donde asistí a su abrazo con Shimon Peres), en las Naciones Unidas en 2000 y 2001, en la Internacional Socialista de París 1999. Expresaba sincero afecto en los encuentros. Dejó en mí el recuerdo de quien alentaba siempre la esperanza y cultivaba la amistad de todos. Su propósito de venir a visitarnos se frustró.

Al saludar a su representante en Buenos Aires, el embajador Akel, le expresé mi sentimiento de pesar, la importancia de su liderazgo por la paz y el deseo de que esa paz que anhelaba se alcance ahora. Israel merece la paz, vivir en paz su Estado, sin amenazas de violencia. Los palestinos tienen también derecho a su propio Estado. Que la figura de Arafat, querida por unos, rechazada por otros, polémica y protagónica, ayude a retomar la línea que juntos señalaron con Rabin y que se reconozca el derecho de todos los hombres, cualquiera sea su raza o su credo, a vivir en paz y sin violencia.

 

Fernando de la Rúa.

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delarua2004@argentina.com

11 de Noviembre de 2004

República Argentina.