Make your own free website on Tripod.com

De la Rúa acusa al peronismo de un "asalto al poder"


MAYRA PERTOSSI
Associated Press

 

BUENOS AIRES - Han pasado más de dos años. Fernando de la Rúa aún evoca con vívido dolor los violentos sucesos de diciembre de 2001, pero confía que el tiempo le dará la razón y dejará demostrado que existió una conspiración para poner fin a su mandato.

En una entrevista con la AP, De la Rúa aseguró que la caída de su gobierno fue gestada en el peronismo de la provincia de Buenos Aires, la más importante del país, para alcanzar el poder e imponer una devaluación del peso que licuara las deudas de los grandes grupos económicos locales.

"La corporación política de la provincia de Buenos Aires organizó los saqueos y la violencia en un asalto al poder", sostuvo De la Rúa. "Fíjese que la violencia se detuvo apenas dejé la presidencia".

Sin titubear, quien condujo el destino de Argentina entre 1999 y 2001, puso nombre a sus supuestos verdugos: "(El líder peronista de Buenos Aires Eduardo) Duhalde, (el gobernador de la provincia Carlos) Ruckauf y hasta algunos miembros de mi propio partido", quienes ante la justicia han rechazado estas acusaciones.

"Quedó demostrado que si el peronismo quiere, puede sacar a un presidente del poder", aseveró.

El 19 de diciembre de 2001 miles de manifestantes colmaron la Plaza de Mayo para rechazar el congelamiento de sus ahorros bancarios luego de una jornada de saqueos a supermercados en la provincia de Buenos Aires. Cinco personas murieron en los alrededores de la Plaza de Mayo, otros 25 en el resto del país.

De la Rúa dispuso el estado de sitio y convocó al peronismo a formar un gobierno de coalición. La respuesta que recibió fue un rotundo silencio. "Confié en el patriotismo de los peronistas... Pequé de exceso de buena fe", reconoció.

Sin el apoyo de partidarios y opositores, De la Rúa renunció a la presidencia en la tarde del 20 de diciembre y abandonó la casa de gobierno en helicóptero para evadir a la muchedumbre.

"Renuncié para facilitar la continuidad institucional y para frenar la violencia", sostuvo.

Tras su dimisión se sucedieron cuatro mandatarios --todos peronistas-- hasta que una Asamblea Legislativa designó presidente a Duhalde el 1 de enero de 2002.

Desde aquélla crisis el peso se devaluó más del 60%, el país logró cerrar acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, la vida institucional recuperó la calma y la economía comenzó a mostrar una leve recuperación. Pero el desempleo sigue arriba del 14% y más de la mitad de los 36 millones de argentinos viven en la pobreza.

Lejos del poder, De la Rúa enfrenta ahora varias causas judiciales por casos de corrupción durante su gestión --como un presunto pago de sobornos a senadores a cambio de la aprobación de una ley-- y por su responsabilidad en la represión policial de diciembre de 2001.

"Hay una verdadera persecución que se hace a través de la justicia. Las causas en mi contra no tienen ningún fundamento. Toda mi gestión se ha puesto bajo revisión judicial, algo que por ejemplo no sucede con el presidente Duhalde", dijo.

Pese al descrédito generalziado, De la Rúa está convencido de que probará que el peronismo fue el ejecutor de su muerte política.

"Confío en que cuando el polvo se aplaque sobre las cosas quietas se sabrá la verdad", deseó.