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Entrevista de LA NACIÓN al Ex Presidente Fernando De la Rúa. 19 de Diciembre de 2004.

"Mi renuncia evitó un golpe de Estado"

 

Insiste en que Eduardo Duhalde encabezó un complot para derribarlo que coincidió con una ofensiva del Fondo Monetario

  • Asegura que no volverá a participar en política y sólo quiere hablar bien de la Argentina en el exterior
  • Como autocrítica dice que no logró "un clima de unidad" para afrontar la crisis

A casi tres años de su renuncia a la presidencia, Fernando de la Rúa afirmó que con su decisión "evitó un golpe de Estado y aseguró la continuidad democrática". Está arrepentido de haberse subido al helicóptero que lo sacó desde la terraza de la Casa Rosada el 20 de diciembre de 2001 porque fue la peor imagen del final. Y dijo que se liberó de las tensiones. Su principal autocrítica es que su gobierno no logró convencer al Fondo Monetario ni al peronismo, contó en una extensa entrevista con LA NACION.



Tiene una sola teoría sobre la mayor crisis institucional desde el regreso de la democracia: "Fue un complot que organizó Duhalde y coincidió con una ofensiva del FMI contra la Argentina", dijo.

En su futuro hay sólo una decisión: no competir más en elección alguna. Está convencido de que su deber ahora es contribuir con el silencio, hablar bien del Gobierno en el exterior y más adelante transmitir su experiencia.

-¿Cómo está al cumplirse tres años de su salida del poder?

-Aquí estoy en el país, he respondido a cuanta citación judicial me hicieron. Cualquiera pasa por la puerta de Tribunales y hace una denuncia. Por suerte, muchas causas se van cerrando, pero es indudable que la persecución existió en la Justicia y en los medios. Este año estuve en los Estados Unidos y en la República Dominicana y he sido tratado con gran consideración. Estoy satisfecho y estoy escribiendo.

-¿Qué?

-Temas políticos.

-¿Para un libro?

-Me reservo el uso. Son escritos de mis defensas, elementos para poner en blanco sobre negro lo que pasó y por último lo más importante: la visión estratégica para el futuro. El aporte que puedo hacer es el de la experiencia; nadie puede volver al pasado.

-¿Le gustaría volver al 20 de diciembre y cambiar la historia?

-El 20 de diciembre hubo una crisis política, el estallido económico viene en 2002: la implosión económica es en 2002 por la devaluación y pesificación asimétrica. En 2001 hay una crisis política por un complot organizado por Buenos Aires, con Eduardo Duhalde como protagonista que quería llegar a la presidencia.

-¿Asocia al FMI con el duhaldismo en ese supuesto complot?

-Es una confluencia. Coincidieron la ambición interna por apropiarse del poder y la ambición del FMI de hacer un escarmiento de la Argentina.

-¿Por qué Duhalde hubiera querido el poder por la fuerza?

-Pregúnteselo a Duhalde.

-Durante esos tres años, ¿pensó seguido en esos días?

-Sí, pero nada ocurre de manera exclusiva, todo responde a un contexto: los años que me tocaron fueron de un marco internacional desfavorable, distinto del altamente positivo de hoy.

-¿No hace alguna autocrítica?

-Sí, soy el más implacable.

-¿Qué dice de usted?

-No logré ese clima de unidad para afrontar una crisis inédita y mi gobierno no convenció al FMI. Y después de las Torres Gemelas sufrimos el impacto.

-¿Para qué sirvió su salida anticipada del poder?

-Mi decisión fue para asegurar la continuidad institucional. Hubo un complot, pero al renunciar evité un golpe de Estado que lleva al exterminio de un país y en segundo lugar puse fin a la violencia.

-¿Es cierto que usted no sabía lo que pasaba en la Plaza de Mayo?

-La jueza Servini de Cubría ordena desalojar la plaza y se habla de los hechos de la Plaza de Mayo donde no ocurre más que la actuación oficial por orden de la jueza. Los hechos graves ocurren a las 18 en otros sitios cerca de la avenida 9 de Julio.

-¿No se enteró de los muertos?

-Cuando en la televisión insinuaban que había muertos, pregunté y me dijeron que no. Eso tiene explicación porque por ahí era un herido trasladado al hospital que después murió.

-¿Le vienen todo el tiempo esos momentos a la cabeza o es algo que quedó en el pasado?

-Jamás he olvidado una experiencia de mi vida.

-¿Cómo es su vida hoy?

-Me lo reservo, pero estoy muy ocupado, escribiendo y leyendo mucho.

-¿Está informado de todo?

-¡Por favor..., cómo pregunta eso a un ex presidente!

-Por la crítica permanente que hace de los medios...

-No me mire como un ser aislado.

-¿Piensa retomar en algún momento su vida política?

-No vuelvo a competir electoralmente, pero no declino volcar mi propia experiencia.

-¿Terminó su carrera política?

-Nunca sentí tener una carrera política. Siempre hice lo que me parecía debido al servicio del país, no con el sentido de una carrera de ambición personal.

-¿Cuál siente que es su deber?

-Contribuir con el silencio y hablar bien del Gobierno fuera del país.

-¿Cree que en algún momento podrá tener presencia política?

-Yo no hago campaña.

-¿Cómo ve al radicalismo?

-Se va a recuperar, es la gran alternativa, la gran fuerza histórica. Pero no quiero opinar. Ya está, ¿no?

-Todavía faltan algunas preguntas. ¿Extraña el poder?

-No... Nunca amé los oropeles del poder ni lo consideré una posición de ventaja, sino de trabajo. Me liberé de las tensiones, me tocó afrontar agravios.

-¿Cómo vivió eso?

-Me encontré con más fuerza de lo que imaginaba. Supuse que eso sería irresistible, pero lo superé.

-¿Cómo?

-Con fuerza interior y la convicción de lo injusto.

-¿Puede ir al cine o a comer?

-Desde que era jefe de gobierno que no lo hago. Ahora cuando viajé me saludaron. La gente es respetuosa, lo único que desarticula es la incitación mediática a la violencia. Cuando hay plata atrás para comprar se distorsiona la libertad.

-¿Quiere dar nombres?

-No.

-¿Se sigue viendo con sus ex funcionarios?

-Si, igual aclaro que no tengo nada que ver con la política activa.

-¿Con Cavallo volvió a hablar?

-Si, me manda mails, lo vi en Estados Unidos, da charlas en Boston.

-¿Cómo está con sus hijos?

-Hablo todos los días. Acá hubo una persecución contra mi familia en vez de tomársela con el presidente. Eso configura un capítulo aparte de una historia imperdonable.

-¿Por qué?

-Porque era mi familia.

-¿Antonio no era su consejero?

-No. Todo lo que se decía era para generar odio, todo está vinculado con la justificación del complot.

-¿Tiene miedo de que alguna causa se complique?

-Nadie me acusó de haberme quedado con nada.

-¿Qué piensa del Gobierno?

-Hizo bien en construir poder, posible además por la mayoría legislativa. Yo estaba obligado a negociar, sin espacio para hacer una coalición.

-¿Su esposa está recluida en la vida familiar?

-Me ayuda con la fundación.

-¿Cree que tendrá una revancha en la política?

-No preciso una revancha. Llegué a la posición más alta a la que se puede aspirar, lo hice por la vía democrática, afronté una situación inédita y difícil y lo asumo. Así fue mi destino.

-¿Cree que cuando se mire hacia atrás la historia lo juzgará mejor?

-Puede ser. Hicimos todo lo posible, pero en vez de la solución solidaria prefirieron tomar el poder, devaluar y repartir la plata. Eso contó con la incomprensión de muchos radicales que creían estar mejor así.

-¿Se equivocaron?

-Mire dónde están ahora.

-¿El momento clave fue pelear la presidencia del Senado?

-Eso fue un indicio de lo que pasaría después. Sin embargo, Duhalde ya le había dicho a Alfonsín que la Alianza debía continuar sin el presidente. Después resolvieron que no continuara ni la Alianza.

-¿Quiénes, Duhalde y Alfonsín?

-Ya es mucha historia.

-¿Hubo coimas en el Senado?

-Estudié la causa y puedo decirle que es una falsedad y una de las peores patrañas, que quedará desenmascarada.

-¿Su imagen ayudó al deterioro de su gobierno así como en la campaña lo ayudó el slogan "dicen que soy aburrido"?

-La imagen, cuando uno tiene 30 años de político, no cambia en un día. La mofa como método para dañar daña la autoridad más que a la persona. Cuando más autoridad hacía falta, más la deterioraban. Yo no sé usar recursos económicos ni coercitivos para coartar la libertad de prensa. A Duhalde y a Kirchner los sacaron de las imitaciones y ésa es una forma de respetarlos.

-¿No lo cuidaron?

-Yo no les daba plata para comprar a nadie.

-¿Eso pasa?

-Digo que yo no compraba ni amenazaba. Felicito a los que lograron eso con Duhalde y Kirchner.

-¿Y la política?

-Estoy involucrado todos los días con la política: por lo que escribo, por lo que leo, por lo que pienso, por lo que me llaman y por lo que me preguntan. Este reportaje ya es muy largo.

-Ya terminó.

Por Paola Juárez
De la Redacción de LA NACION


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Alejado de la exposición pública y dedicado a la lectura y los caballos

"Estoy fenómeno", dijo y rió, al referirse a su estado de ánimo

Al principio estuvo algo tenso, como a la defensiva. A la quinta pregunta dijo: "Bueno, listo, ya hablamos de todo". Pero después accedió a una hora de entrevista. "¿Cuándo es el partido de Boca?", preguntó a uno de sus colaboradores antes de empezar.

Después se acomodó en su escritorio y anunció que él iba también a grabar la entrevista. Cerró un cuaderno lleno de otros papeles. Pidió un café.

No había ningún portarretratos en su escritorio. En la recepción de la oficina que tiene en su fundación CER (Centro de Estudios para la República) sólo hay una foto de él con el ex presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, cuando ambos estaban en el poder, pero ni siquiera está enmarcada.

De la Rúa parece el de siempre. Su forma de hablar y de moverse es la que se conoció durante su extensa carrera política. Lo único diferente es que se tomó tiempo para dar sus respuestas y hasta calló en algunas. Y pareció algo desconfiado por cómo se iban a usar sus declaraciones. Desde que se fue del gobierno, tuvo contadas apariciones públicas (sólo cuando declaró ante la Justicia), pero no fue a ningún programa de televisión y tampoco dio entrevistas a medios gráficos.

"Estoy fenómeno", dijo y soltó una breve carcajada al responder sobre su estado de ánimo. Y miró a los ojos para hablar de todos los temas.

Costó convencerlo de que se dejara sacar fotos. "Estoy resfriado", dijo y argumentó estar sin corbata y de sport: con su típico pañuelo al cuello, pantalón gris y saco azul.

Los casi tres años que lleva fuera del poder se le notan en su rostro, quizá con alguna arruga más. Intentó mostrarse como un político que parece haber aceptado el fin de su carrera política, aunque aún espera que el paso del tiempo le permita cierto reconocimiento.

No pareció resentido pero sí enojado con los medios de comunicación. Tampoco quiso moverse de su discurso de que un complot de Eduardo Duhalde, al que ayudó una ofensiva del FMI en contra de la Argentina, fueron las principales causas de su renuncia.

Hoy reparte su tiempo entre su quinta Villa Rosa en Pilar y su departamento en la Capital. Lee mucho y escribe, aunque todavía no tiene definido en qué usará todo lo que está preparando hace más de dos años.

Tiene obligación de hacer ejercicio todos los días, pero él admitió que no cumple con esa recomendación. Cuando puede juega al golf, anda a caballo y recorre el parque de Villa Rosa.

No va a ningún lugar público del tipo de un restaurant o cine. Según contó, no lo hace desde que fue elegido jefe de gobierno porteño. Pero, al mismo tiempo, admitió que recordar su paso por la jefatura del gobierno porteño no es parámetro para medir por qué no va hoy a lugares públicos.

Su vida, de todos modos, después de su paso por el poder nunca volvió a ser la misma.

"No me gustan los bonsái"

Mientras De la Rúa fue presidente mucho se habló de su debilidad por los bonsái. Hasta el entonces gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, lo recibió en su primera visita a La Plata con una mesa llena de arbolitos enanos para ganarse el afecto presidencial.

A tres años de su renuncia, confesó a LA NACION: "A mí nunca me gustaron los bonsái". Recuerda que la primera vez que tuvo en sus manos un bonsái fue cuando ganó en 1992 su banca de senador y la comunidad china le regaló un ombú en miniatura. "Ese me gustó, lo tuve en mi despacho del Senado, después lo llevé a la jefatura del gobierno porteño y cuando fui elegido presidente, a la Casa Rosada. Cuando lo vieron, empezaron a decir que me gustaban", contó. Pero no tuvo otros; siempre el mismo ombú.

Pero la historia recorrió el mundo y en cada visita que hizo De la Rúa al exterior como presidente le regalaron varios bonsái. "Nunca me gustaron, no soy aficionado, pero todavía tengo varios de los que me han regalado", dijo. Y sonrió.

(C) LA NACIÓN. 2004. http://delarua2004.tripod.com

 

DICIEMBRE 2004. REPÚBLICA ARGENTINA.

Mail al Dr.Fernando De la Rúa: delarua2004@argentina.com