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                                                                                                                                Expone.

 

 

 Señor Juez de Instrucción:

 

 

 

      FERNANDO DE LA RUA, con el domicilio constituído en               estos autos en que se me ha llamado a prestar indagatoria, vengo a acompañar la presente exposición  pidiendo que, junto con los escritos anteriormente presentados, sea tenida como mi declaración.

 

 

 

 

 

                                                        I.

 

                                              

Esta es una causa política iniciada con fines extorsivos. La denuncia proviene de quienes, por haber sido excluidos de toda influencia en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quisieron presionar utilizando a la prensa y la justicia. Ese es el origen de estas actuaciones. Lograron amplia cobertura periodística y la subsistencia de esta causa ante los Tribunales, mientras dilataban con maniobras los procesos que los involucran. Nada se ha hecho para determinarlo. Debe quedar constancia aquí. Dónde está el expediente de la escuela shopping?

 

El denunciante y los fiscales me imputaron haber tenido jardinero, valet, dama de compañía para mi esposa y redactor de discursos, pagados por el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires. La Fiscal interviniente hizo suyas esas afirmaciones y esto es grave. Pero todo se vino abajo. Pazó no es jardinero, nada sabe de plantas, nunca se ocupó de ellas y hay otros que lo hacen; Sánchez Rival no fue valet sino que es escritor y periodista; mi esposa nunca tuvo acompañante, y es público que a mis discursos los hago yo.

 

                                                                                  

 

 

 

                                                         II.

 

 

Después de seis años, amplia prueba y múltiples explicaciones, apenas alejado de mis funciones públicas, V.S. me llama a indagatoria por los casos de Pazó y Sánchez Rival. Según esto quedan fuera, al menos en cuanto me atañe, los de Alejandra Roig y Roberto Rodríguez Vagaría. Como la imputación existió, si se aplican idénticos criterios corresponde sobre estos mi sobreseimiento, lo que en realidad debió hacerse también para los otros dos, porque nada nuevo hubo ni justifica pasar al estado de sospecha.

 

Si la Alzada ordenó definir y poner término a la situación de los afectados por la acusaciones, no era el caso que V.S. lo invoque sólo para perseguir sino también para liberar; y si cabe indagarme por aquellos dos casos, correspondía que en el mismo acto que ordenaba la indagatoria se dispusiera también el sobreseimiento. Así lo pido.

 

 

 

 

 

                                                              III.

 

 

La causa ha derivado en otra cosa.    Ya no son más aquellos  hechos enunciados en el punto I. Gradualmente, demostrada la falsedad de aquéllos, ha ido modificándose el objeto procesal. La causa se refiere ahora a que, pagado por el Concejo Deliberante, tuve en Villa Rosa, Pilar, en forma de empleado permanente, a José Benito Pazó. Es absolutamente falso. Lo expliqué ya mediante un escrito que ratifico en todas sus partes. La prueba lo ha confirmado. Como la figura del jardinero ha perimido  se la quiere reemplazar por otra.

 

 

 

                                                       Lo relativo a Pazó comprende dos aspectos:

                      

a)    si trabajó efectivamente en el Concejo donde cobró sus haberes  en 1994 y parte de 1996,

b)    si trabajó  para mí, en mi quinta, usando para fines particulares su empleo en el Concejo.

 

 

 

                                     Lo primero me es ajeno. Es cuestión propia del Concejo Deliberante. A Pazó ni lo designé ni lo propuse. Por lo que consta en la causa, estuvo nombrado en esos años, rn períodos diversos, y efectivamente trabajó y cumplió tareas. Lo confirma la prueba, sobre todo un grupo numeroso de testigos.

 

 

 

 

                                       Al respecto, cabe un triple análisis:

 

               a)   si trabajó o no efectivamente durante su nombramiento;

               b) cuál fue su grado de cumplimiento y en qué consistía su trabajo;

               c) su edad.

 

 

                                       Sobre lo primero la prueba confirma que iba, hacía y servía a sus empleadores.  Lo segundo hace a una cuestión administrativa como asistencia, horarios, calidad de la prestación y tipo de tareas. Lo último, es también administrativo. Nadie puede ser privado de trabajar por su edad  y si una norma lo impide es inválida (CN.16).

 

 

                                      Pese a que no me compete lo señalo para un panorama más completo y porque confirma que si trabajaba para el Concejo no podía hacerlo para mí.

 

 

 

 

 

                                      IV.

 

 

                                      Precisamente, que trabajaba para mí es extremadamente falso. 

 

 

 

                                      Al respecto se deben analizar también tres cuestiones:

 

a)    si lo hacía de modo efectivo y permanente, o si era un visitante que realizó algunos trabajos en forma ocasional, cobrando por ellos;

b)     si en cambio era remunerado por su sueldo en el Concejo o lo hacía en el tiempo de sus funciones;

c)     cómo era su relación con Fernando de la Rúa.

 

 

                                      La insistente acusación se basa en un video ilegal y falso. Este es su origen excluyente. Los abogados defensores fundaron ya su invalidez, y a ellos me remito.

 

 

 

                                      Sin perjuicio de ello, destaco:

 

a)    la filmación de cámara oculta dice mostrar a Pazó en Villa Rosa, en un trabajo;

b)     le ofrecen un empleo;

c)     él insiste que vive en Burzaco y da la dirección de su casa “donde he nacido” y de donde “no me voy”,  (“yo crío bichos en mi casa”, “de mi casa no quiero salir”);

d)     que allí hace lo que quiere, con gala de poder  obrar y decidir;

e)    que dormirá en una piecita.

 

 

 

                                      Además que dice muy poco para  la tesis fiscal, el texto está armado y falsificado. Fue compaginado a gusto del editor. Está desmentido por otro video, aunque  también inválido,  secuestrado por la  Instrucción en América TV. De este segundo video, el más largo, cuya desgrabación reclamó mi defensa, surgen datos suprimidos del primero. 

 

 

 

               Señalo:

 

a)    Se trata de un fin de semana (“me fui el lunes y volví ayer”, “ahora viene De la Rúa”);

b)     Pazó llegó el día anterior y se va el lunes (últimas imágenes);

c)     No está  fijo ni permanente, ni vive allí, aunque  algún día se quede a dormir en “una piecita” que no es un dormitorio ni desde luego la casa de los caseros o encargados, que son otras personas, un matrimonio como es usual (sin vivienda, sin su familia, sin sitio estable, con su casa en Burzaco, no podía ser ninguna clase de empleado permanente o transitorio); 

d)    No estaba allí durante la semana (testigo Rodríguez, periodista de Hadad).

e)    Actúa no como empleado sino como amigo de la casa (“vino a Burzaco y ahí nació la amistad”; ahora “él viene y vamos a jugar al ajedrez”).

 

 

 

                                     Desde luego este video también es ilegal; es una violación y una compaginación. Falta el original, el “crudo sin editar”, que quién sabe qué otras cosas contenía, suprimidas para armar una imagen que dañara en la prensa y les sirviera en la justicia. Pero si se invocan, el Tribunal no puede prescindir de éste que pone todo al revés del   primero.

 

 

 

                   Y ahí queda claro, sólo con eso, la respuesta a aquellas preguntas:

 

a)    Pazó era un visitante ocasional que hizo para De la Rúa algunos trabajos entre 1993 y 1996, casi todos en 1995;

b)     Fué empleado del Concejo Deliberante, cobró su sueldo y cumplió allí funciones, años 1994 y 1996;

c)     En parte de esos años y durante todo 1995, no revistó en el Concejo;

d)     a mi casa iba sólo esporádicamente y nunca en días de semana;

e)    la relación era de confianza y amistad, y no de empleo.

f)       Además, cuando hizo algo, cobró y le pagué por sus trabajos.

 

 

 

 

 

                                      V.

 

 

                   Todo esto se confirma por la prueba testimonial. Los fiscales  sin razón quieren sumirla en un mar de contradicciones. Salvo detalles propios de episodios o situaciones en sí mismos no trascendentes, dispersos o lejanos en el tiempo, todos lo ratifican.

 

 

 

                            Los fiscales  hacen este tipo de cuestionamientos:

 

a)    de horarios o fechas, por citas o menciones comprensibles, explicables y no fundamentales,

b)    de nombres propios, los de otros, los de estos, que depende de la pregunta o el motivo de la citación,

c)     sobre el grado de actividad de Pazó –cómo podía hacer tanto a su edad?- que se les vuelve en contra, porque si es así no podía trabajar en mi quinta además del trabajo en el Concejo. Pero son cosas distintas, de tiempos diferentes.

 

 

 

En todo y especialmente en lo                        esencial,  los testigos coinciden. Hay concordancia en lo siguiente:

                         

a)    la efectiva prestación de servicios en el Concejo;

b)    el carácter esporádico y de feriados, o sea no permanente, de su presencia en mi propiedad;

c)     la relación de confianza y amistad con De la Rúa, el carácter de visita y no de empleo de su presencia ocasional;

d)    su preocupación exclusiva en materia de animales, las aves en particular, nada de plantas;

e)     el carácter menor y ocasional de los trabajos, de escaso valor y poco tiempo, dispersos en muchos años.

 

 

 

 

                                  Los testigos que lo confirman son numerosos y de  origen diferente. Es inadmisible desechar testimonios coincidentes de tantas personas no relacionadas entre sí.  Teniendo en cuenta de donde provienen pueden agruparse así:

 

a)    los que cumplían funciones en el Concejo Deliberante,

b)    vecinos de la casa de Pazó en Burzaco,

c)     empleados permanentes de la quinta de De la Rúa,

d)    vecinos y visitantes de ese lugar,

e)    terceros que hicieron allí trabajos, como Edgar Alvarez, ya fallecido,

f)      periodistas como Hadad y Rodríguez,

g)    el encargado de las cuentas de sueldos de los caseros y ayudante,

h)    y todavía faltan los empleados del Congreso, y albañiles o peones, ofrecidos por la defensa y no recepcionados por el Tribunal.

 

 

 

                                  No se puede pretender, como los fiscales, que hubo una conjura de tan numerosos y  diversos testigos, de  orígenes tan diferentes. Por eso carece de lógica, valor y sentido el artificial y minucioso esfuerzo fiscal para destruir la prueba. Es notable: los fiscales, a cuyo cargo está probar, nada demuestran, nada aportan, nada ofrecen. Sus argumentos consisten sólo en criticar, poner en duda o cuestionar la prueba de la defensa. Y ellos que acusan, qué? Nada.

 

 

 

 

 

                                      VI.

 

 

                   Pazó fue a mi casa como visitante antes de trabajar en el Concejo, cuando ya no trabajaba en él y alguna vez cuando sí lo hacía. Si hizo algún trabajo particular fue remunerado. Acompañé recibos que lo confirman. Nada los contradice. Las pericias lo ratifican.

 

                   La mayoría de esos pequeños trabajos es de 1995. Cosas menores: un alambrado, gallineros, arreglo de una parrilla (ver bien, no hacerla, sino arreglarla), unas  jaulas, y en 1996 el cierre de  puertas de unos boxes (un pasador de su invención que, si se toma el video, hizo en el Sapucai, frigorífico de aves cercano  a su casa). Trabajos de albañilería o carpintería en esos boxes fue obra de personas contratadas al efecto. Nunca hizo tareas de jardín,  y ni mirar las plantas. Nada tuvo a su cargo que exigiera su presencia constante, ni siquiera semanal. Está claro que no era el encargado porque el puesto siempre fue de otros.

 

                   Esto lo demuestran los testigos y los recibos. Reitero aunque repita:  Pazó nunca fue empleado permanente, ni estuvo a mis órdenes. Fue a mi quinta en forma esporádica, ocasionalmente, era una visita, y si hizo algún trabajo le pagué por él, como le pagué a los alambradores o albañiles que trajo, nunca más de uno o dos, o a proveedores de materiales. Su presencia fue en algunos días inhábiles, tenía conmigo relación de confianza, incluso jugamos al ajedrez, y gana. Jamás lo usé en su condición de empleado público o en tiempo remunerado por el Concejo Deliberante. No dependía de mí. Por lo tanto no podía yo asignarle o imponerle una tarea y nunca pude ser el superior que se aprovechaba de su trabajo de empleado público. En la quinta tuve siempre personal estable de caseros: un matrimonio como es usual, y además un ayudante que vive al frente en la misma casa en que nació, Bernardo Gandini. Otros  hicieron trabajos diversos: movimiento de tierra, electricistas, plomero, veterinario, pintores, etc.

 

 

 

 

 

                                      VII.

                                                                      

 

                   Conozco a José B. Pazó de hace muchos años, casi diez. Es  laborioso, capaz y honesto, hombre de familia con un sólido matrimonio, respetado por sus vecinos, con experiencia de lo que trabajó en su vida,  y amor por las aves. Algún tiempo fue empleado del Concejo Deliberante. Como antes dije, con motivo de esta denuncia averigüé  tiempos y fechas que ignoraba. Vi los informes de autos. Fue empleado parcialmente en 1994 y 1996, no tuvo nombramientos antes de 1994, ni en 1995, ni después de 1996.

 

                                     Su trabajo allí no era condición ni para venir ni para no venir a mi casa. No era su superior ni su jefe ni siquiera cuando fui Jefe de Gobierno de la ciudad. No lo propuse ni lo nombré. No estaba a mis órdenes con lo cual no podía yo disponer que viniera a hacerme un trabajo particular. Nunca fue encargado ni cosa parecida. Conmigo nunca tuvo relación de dependencia, ni en el Concejo, ni en la quinta. Por tanto nunca le mandé que fuera o viniera a Pilar. No había conmigo derecho a contraprestación que lo obligara. Nunca le ordené un trabajo. Si coincidíamos en algo se hacía y le pagaba por acuerdo espontáneo basado en la confianza.

 

                   Si se miran “sus obras” –lo que habría surgido nítido de la inspección ocular que pedí en su momento- se apreciaría en qué consistieron: cosas chicas, sin compromiso de tiempo. Aun sin verlo, para el sentido común es bien poco hacer un gallinero, arreglar unas puertas o un alambrado, conseguir algún alambre  o postes más baratos,  poner un clavo o alguna otra cosa menor, ver alguna gallina enferma, y no más.  Para eso no hace falta demasiada presencia. Eso no es una relación laboral.

 

                   Si hubiera sido “efectivo y permanente” los cuatro años, y pagado por el Concejo según los fiscales, no se explica cómo fue la relación y el sueldo en 1992 o 1993 (o  cuándo fuera su primera visita), en 1995 o los meses  que no tuvo cargo ni sueldo en el Concejo, y por qué no figura inscripto siendo que sí lo estaban mis empleados permanentes (está probado que cumplo con la ley: ver las planillas  de autos).

 

                   Confundidos, los fiscales quieren culparme de evasión fiscal. La cuestión es culparme de algo. A la vez que insisten en negarlos, afirman que los recibos imponían no se qué deberes impositivos o de aportes laborales. Es un grave error. No es así. No corresponde ninguno.

 

                   En realidad, quieren establecer un concepto peligroso y erróneo: que esté prohibido recibir la visita de quien sea empleado público, que esté prohibido que un empleado público pueda hacer un trabajo particular en su tiempo libre,  que esté prohibido conocerlo de antes y brindarse recíproca confianza si es sencillo y humilde aunque tenga la espontánea sabiduría y franqueza de los años. Y que quien lo reciba o lo admita pagará las consecuencias por su sola presencia y más si hizo algo aunque hayan sido trabajos menores y ocasionales. Será perseguido, sufrirá el escarnio de la publicidad de la causa cuyo secreto sumarial es permanentemente violado, y sometido a indagatoria aunque esté claro el origen extorsivo de la denuncia y la falsificación de las pruebas en que se funda. V.S. debería proveer a esto.

 

                   En su afán persecutorio, privados de la objetividad que supone la función judicial que ellos también cumplen, hasta invocan a un periodista, el Sr.Carnotta, sobrino del denunciante Iglesias y quien por serlo se hacía eco de sus planteos. Mencionan un programa radial del 25 de setiembre de 1977 donde discutí con él en perfecta congruencia con todo lo expuesto. Allí queda patente el afán persecutorio y la coherencia y claridad de mis respuestas, así como la violación del secreto del sumario. Carnotta proclamó y se envaneció de tener copia completa de la causa. Nada se ha hecho. Pido a V.S.  proceder al respecto.

 

 

 

 

 

                                      VIII.

 

 

                   Los fiscales mencionan ese programa  radial también para referirse a la situación de Damián Sánchez Rival, como si en él hubiera negado que trabajó conmigo. Todo lo contrario. Quiero consignar aquí que Sánchez Rival, amenazado por los denunciantes por haber rechazado su presión para espiarme en mi casa, fue luego perseguido por ello. Lo prueba esta denuncia y esta causa.

 

                   Sobre el caso, reitero lo manifestado al respecto en mi escrito anterior. Sánchez Rival cumplió para mí una tarea pública. Repito, pública y no privada. Era una pública colaboración conmigo en tanto funcionario, diputado, senador o Jefe de Gobierno. Aunque fuera en mi casa  -no hay residencia oficial-  la tarea era pública. Se trata de las tareas iniciales de cada día y sobre todo de las comunicaciones oficiales de primera hora de la mañana, para las cuales  aportaba mi teléfono particular y el domicilio, sin compensación, naturalmente.

 

                                      A primera hora, desde las 7, llaman radios, colegas, empleados, gente por entrevistas o pedidos, quienes apoyan o reclaman, todo de acuerdo a mis múltiples y complejas funciones y cargos. Ni yo era un particular al hacerlo, ni las cuestiones eran privadas. Mi función era de tiempo completo. Nunca hice  uso privado de la tarea de Sánchez Rival, quien trabajó conmigo como empleado del Congreso primero y de la ciudad de Buenos Aires después, con un intervalo sin remuneración correspondiente al tiempo de la campaña electoral.

 

                   Su tarea conmigo, sobre todo cuando lo hizo “ad honorem”  (ni siquiera puede reprochársele doble empleo), no le impedía ser contratado por el Presidente del Bloque de Concejales  para que lo ayudara y asesorase en prensa. Ni siquiera precisaba comunicármelo, y no lo hizo. Consta en autos que estuvo unos tres meses, cobró su sueldo, atendió al Concejal, y brindó sus servicios.  La designación  en el Gobierno de la Ciudad es posterior. De cualquier modo, en ambos casos trabajaba para el mismo Estado local, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

                   Los fiscales podían haber reflexionado que en esos pocos meses  era ya Jefe de Gobierno. Lo pensaron para decir que “eso explica su nombramiento”, como si fuera por mi influencia. La verdad, que ni lo nombré, ni lo propuse, y como estaba en plena iniciación de una gestión muy compleja y él no lo mencionara, ni siquiera lo supe hasta después. En realidad, advirtiendo que yo era el Jefe de Gobierno, pudieron advertir que Sánchez Rival estaba colaborando con el principal funcionario  de la misma jurisdicción, prestando por lo tanto servicios públicos. Podía haber sido  designado en Jefatura de Gobierno, o considerarse que lo fué, con resolución o sin ella, de hecho o de derecho.  En todos esos casos, siempre estaría trabajando para la función publica, en tareas públicas, y no para intereses privados.  

 

                   Valen para Sánchez Rival las mismas consideraciones antes expuestas, e idéntico método de análisis. Trabajó en el Concejo. No  me sirvió privadamente. Los testigos coinciden, la causa es clara.

 

                   Si trabajó en el Concejo, por el tiempo que lo hizo y en las funciones  asignadas, lo mismo que Pazó,  no era subordinado mío y no podía imponerle tareas, mucho menos trabajos privados para mí (tampoco se los impuso nadie). Esto bastaba para desechar la causa porque en ambos casos falta un elemento esencial de la figura.

 

                   Si se quiere pensar que la adscripción de una jurisdicción a otra configura delito, entonces debe declararse la incompetencia porque Sánchez Rival trabajó para mí en el Senado estando nombrado en la Cámara de Diputados. Lo preciso es que ni entonces ni ahora hubo infracción.

 

 

 

 

                                      IX

 

 

                   Para contribuir a la síntesis y evitar transcripciones de los escritos preexistentes, pido que tanto aquellos como éste se tengan como parte de mi declaración, y los ratifico por completo, pidiendo a V.S. que evacúe las citas formuladas, provea a la prueba ofrecida y resuelva las cuestiones planteadas.  Ratifico también los reclamos y reservas formulados por mis defensores.

 

 

 

 

                   SERA JUSTICIA.

 

 

 

 

 

 

                                                                  Fernando de la Rúa.